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sábado, 1 de diciembre de 2012

Touraine, Alain (2)



Hermanville-sur-Mer, Francia, 3 de agosto de 1925. Doctor en Letras, fue profesor en la Facultad de Letras París-Nanterre de 1966 a 1969. Desde 1960 es director de estudios en l'École des Hautes Études en Sciences Sociales, y desde 1989 miembro del Collège de la Prévention des Risques Technologiques.

Alain Touraine considera que estamos asistiendo a una fase culminante de la crisis de los modelos de desarrollo desatada a principios de los años ochenta. Están operándose transformaciones fundamentales en las sociedades de los países en desarrollo, y en el contexto económico estos cambios provocarán inevitablemente variaciones totales en las condiciones en las que hasta ahora se concebían y formulaban los proyectos.
   En esta sociedad, que Touraine considera más apropiado llamar sociedad programa, es necesario no seguir en el camino del funcionamiento del sistema social, sino en el de la formación de la acción histórica –entendida ésta como el modo en que los hombres hacen su historia–, lo que significa apartarse de los análisis tradicionales que centran el objeto de su investigación en las intenciones y las representaciones de los actores sociales, sus interacciones, influencias, negociaciones; en suma, sobre el juego social.
   Puede hallarse un primer tipo de transformaciones en la sociedad como resultado de la diversificación de los actores del desarrollo. Si durante décadas el Estado aparecía como el actor privilegiado y prácticamente exclusivo de la formulación y de la implementación de los proyectos, de los planes y de los programas, así como del control de los procesos reales, en los últimos años puede hablarse de la emergencia de sociedades civiles que disputan al Estado un espacio de autonomía creciente.
El crecimiento es el resultado no sólo de la acumulación del capital sino de un conjunto de factores sociales, donde el papel de la investigación científica y técnica, de la capacidad de programar el cambio, de la formación profesional, hacen del conocimiento su dependencia fundamental y, por consiguiente, crean en la sociedad su capacidad creativa.
En el plano económico la disputa entre la sociedad civil y el Estado se presenta como una oposición entre las corrientes "neoliberales" que plantean el sostenimiento del conjunto a los mecanismos del mercado, y las corrientes "estatistas" que proponen el mantenimiento de sectores considerados como estratégicos en el dominio público o alguna forma de tutela estatal. En este mismo plano la aparición o el reforzamiento de corrientes "autogestionarias" en los países en desarrollo, muestran que existen fórmulas alternativas que tienen en cuenta las expectativas de autonomía de los actores de la sociedad civil.
En la actualidad están en juego los conflictos, los movimientos por los cuales el crecimiento económico se transforma en un tipo de desarrollo social, y a través de los cuales prosigue el enfrentamiento de la participación dependiente y de la contestación creadora. La autonomía del Estado respecto de los centros de decisión económica se hace más débil en todas partes y con frecuencia desaparece.
En la medida en que la sociedad civil amplía sus espacios de autonomía, los proyectos de desarrollo ya no podían ser concebidos como procesos tecnocráticos llevados a cabo desde el interior del centro de decisiones públicas, sino como procesos en los que se expresan las necesidades, las aspiraciones y la voluntad de protagonismo de una pluralidad de actores.
La dominación social adopta actualmente tres importantes formas:
1) La de la integración social, pues el aparato de producción impone unos comportamientos que están de acuerdo con sus objetivos, y por lo tanto con su sistema de poder.
2) La de la manipulación cultural. La educación escapa de las manos de la familia e incluso de la escuela, considerada como un ambiente autónomo. Pasa a lo que Georges Friedman ha llamado la escuela paralela, sobre la cual se ejerce más directamente la acción de emisores centrales.
3) La actual sociedad de aparatos, dominada por grandes organizaciones que son a la vez políticas y económicas, se orienta más que nunca hacia el poder, hacia el control estrictamente político de su funcionamiento interno y de su entorno.
Así es como hoy resulta más útil hablar de alienación que de explotación, pues la primera define una relación social, mientras que la segunda sólo una económica.
En el plano político, la emergencia de la sociedad civil se expresa en la exigencia de la democratización del sistema de poder. Si esta exigencia se ha visto satisfecha últimamente en la casi totalidad de los países de América Latina, región que Touraine conoce bien, la reivindicación democrática continúa expresándose con gran rigor en otras latitudes, donde aún imperan diferentes formas de autocracia.
En el plano social la renovación de la acción sindical aparece como el resultado más genuino de la pujanza de la sociedad civil. El sindicalismo de los asalariados es un sindicalismo de control. Tiene, en esta concepción ampliada por el pensamiento anglosajón, una doble orientación: no es sólo un agente de reivindicación social sin preocuparse por la racionalidad económica, sino que es un integrador social en forma directa y un responsable económico en forma indirecta.
En el plano cultural el reconocimiento de identidades étnicas o religiosas reprimidas largo rato en nombre de la unidad nacional, revela las aspiraciones irreductibles de las sociedades al pluralismo cultural. Touraine hace referencia al pensamiento de Raymond Aron con respecto a la universidad, la cual –dice– se convierte hoy en el lugar privilegiado de oposición a la tecnocracia y a las fuerzas dominantes asociadas a ella. Mientras el conocimiento científico no desempeñaba un papel esencial en la evolución económica, mientras no era una fuerza de producción considerable, la universidad era sobre todo un lugar de transmisión y defensa del orden social y de los legados culturales. El enorme desarrollo numérico de las universidades no puede separarse del progreso del conocimiento científico y técnico, convirtiéndose la educación en un crítico cada vez más importante para determinar la jerarquía social.
La política ha entrado a la universidad porque el conocimiento es una fuerza productiva, siendo aquélla el lugar donde el movimiento de la investigación y la rebelión de la juventud están asociados; es la única gran organización que puede ser, en tanto tal, una fuerza de contestación –nos dice Touraine– de los aparatos políticos y económicos. Si no lo es se convierte, cualesquiera sean las intenciones de los profesores, en un instrumento de participación, de alienación. El empeño social de los estudiantes es el único que puede transformar el esfuerzo de análisis de los profesores, pero es tarea de éstos reforzar constantemente las exigencias internas del conocimiento, reemplazar la ideología por la explicación, la pasión por la razón.
Touraine encontró el primer tipo de transformación de la sociedad en la multiplicidad y en la variedad de caminos que recorrieron los actores del desarrollo; y encuentra el segundo tipo de transformaciones en el campo tecnológico, en lo que se ha dado en llamar la tercera revolución industrial. Esto altera las relaciones de producción, las formas de trabajo, las pautas de consumo y los flujos tradicionales del intercambio internacional. De esta manera el modelo global prevaleciente desde la primera revolución industrial, que sirvió de referencia ineludible a todos los proyectos de desarrollo, aparece caduco.
La dinámica diferente que los sectores electrónicos "de punta" –nuevos materiales, biotecnologías– imprimen al proceso productivo, está configurando un nuevo modelo tecnoindustrial de referencia cuyos perfiles no son aún nítidos. Sin embargo, es en relación a este modelo que deben necesariamente elaborarse las estrategias económicas y sociales.
Llegado a esta realidad, Touraine se plantea el siguiente interrogante: "¿Pueden el economista o el sociólogo definir realmente las transformaciones de una sociedad si ésta no interviene activamente en sus propios cambios mediante sus debates, sus conflictos, sus transformaciones políticas?" "Tenemos una necesidad urgente de análisis –continúa nuestro autor– no de conductas sociales, sino más bien de la sociedad considerada ya no como una situación, sino como un sistema de acción, un conjunto de orientaciones culturales y relaciones de poder."
Se puede afirmar entonces que este pensador europeo, interesado en la problemática de América Latina, encuentra que el planteamiento creado por la mutación tecnológica en los países en desarrollo es tanto o más dramático que la aceleración de las innovaciones, y esto se conjuga con una incapacidad creciente, de estos países para mantenerse asociados a las fuentes originales de creatividad científica y técnica.
Respecto al socialismo, Touraine piensa que hay que dejar constancia de que éste no pertenece ni al presente ni al futuro sino al pasado, ya que se descompone cuando emerge la sociedad postindustrial. Es necesario para él replanteárselo todo a partir del análisis de los hechos sociales, lo que obliga a plantearse dos preguntas: ¿Qué movimientos sociales ocupan el lugar central que tuvo tiempo atrás el movimiento obrero? ¿Qué formas de iniciativa política deben reemplazar a los programas de los partidos políticos que no aspiran más que a reforzar el Estado?
En el trabajo intelectual de Alain Touraine se aprecian tres períodos claramente determinados. El primero está dedicado a la sociología del trabajo, y en especial a la formación de la conciencia obrera, pudiéndose incluir además en él sus primeras investigaciones sobre América Latina, referidas a los obreros chilenos. Simultáneamente escribe sobre la sociedad postindustrial y realiza el gran esfuerzo metodológico y creativo de dar nueva forma, en general, a la sociología, publicando por entonces Sociologie de l'action y más tarde Production de la société.
En el segundo período se dedica a estudiar los movimientos sociales del Mayo francés de 1968 y los golpes militares en América Latina. En 1981 se instala durante todo el año en Polonia para estudiar el movimiento Solidarnosc, y prepara en colaboración con Prealc un libro sobre América Latina, publicando luego Le mouvement ouvrier y La parole et le sang.
El tercer período se inicia con su obra Le retour de l'acteur para continuar con Critique de la modernité. Este último libro, según sus palabras, encierra las pautas que está dispuesto a seguir durante el resto de su existencia, siendo la idea fundamental la de considerar al sujeto como principio central de acción de los movimientos sociales.
En síntesis podemos señalar que se aprecia como constante de la obra de Touraine una sociología de la acción elaborada en el primer período a nivel práctico, en el segundo a nivel histórico, y en un nivel filosófico en el tercero, el período actual.



Bibliografía:

L'Evolution du travail ouvrier aux usines Renault, 1955.
Sociologie de l'action, 1965 (trad. esp., Sociología de la acción, 1969).
América del Sur, un proletariado nuevo, 1965.
Étude sur la Conscience Ouvrière dans deux entreprises chiliennes, 1966 (con otros).
Le Mouvement du Mai ou le Comunisme Utopique, 1968 (trad. esp., El movimiento de mayo o el comunismo utópico, 1970).
La Societé Post-Industrielle, 1969 (trad. esp., La sociedad post-industrial, 1971). 
Los trabajadores y la evolución técnica, 1970. 
Université et societé aux États Unis, 1972. 
Production de la Socié, 1973.
La imagen histórica de la sociedad de clases, 1973. 
Vie et mort du Chili populaire, 1973 (trad. esp., Vida y muerte del Chile popular, 1974).  Pour la sociologie, 1974 (trad. esp., Introducción a la Sociología, 1978). 
Lettres à une étudiante, 1974 (trad. esp., Cartas a una estudiante, 1977). 
La société invisible, 1976. 
Un désir d'histoire, 1977 (trad. esp., Un deseo de historia. Autobiografia intelectual, 1978).  Les sociétés dépendentes, 1977 (trad. esp., Las sociedades dependientes. Ensayos sobre América Latina, 1978). 
La Voix et le Regard, 1978. 
Mort d'une Gauche, 1979. 
La prophétie anti-nucléaire, 1980 (con otros). 
L'après-socialisme, 1980 (trad. esp., El Postsocialismo, 1982). 
Le pays contre l'État. Luttes occitanes, 1981, con otros (trad. esp., El país contra el Estado. Las luchas occitanas, 1983). 
Le retour de l'acteur, 1984 (trad. esp., El regreso del actor, 1987). 
Le mouvement ouvrier 1984 (con otros). 
Actores sociales y sistemas políticos en América Latina, 1987. 
La parole et le sang. Politique et societé en Amérique Latine, 1988 (trad. esp., América Latina. Política y Sociedad, 1989). 
Movimientos sociales hoy, 1990 (con otros). 
Critique de la modernité, 1992 (trad. esp., Crítica de la Modernidad, 1994). 
Qu'est-ce que la démocratie, 1993 (trad. esp., Qué es la democracia, 1994).
Le Grand Refus. Réflexions sur la grève de décembre 1995 (con F. Dubet, F. Khosrokhavar, D. Lapeyronnie, M.Wieviorka), 1996.
Pourrons-nous vivre ensemble ? Égaux et différents, 1997.
Eguaglianza e diversità, 1997.
Sociología, 1998.
Comment sortir du libéralisme?, 1999.
La Recherche de soi. Dialogue sur le sujet (con F. Khosrokhavar), 2000.
Un débat sur la laïcité (con A. Renaut), 2004.
Un nouveau paradigme. Pour comprendre le monde d’aujourd'hui, 2005.
Le Monde des femmes, 2006.
Penser autrement, 2007.
Si la gauche veut des idées (con Ségolène Royal), 2008.
Après la crise, 2010.
Carnets de campagne, 2012.

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