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martes, 27 de noviembre de 2012

Toffler, Alvin



Nueva York, Estados Unidos, 3 de octubre de 1928.  Se licenció en la Universidad de Nueva York en 1949, y si bien no desarrolló una carrera académica, es doctor honoris causa por varias universidades de todo el mundo. Ha tenido una destacada actuación como periodista en publicaciones como Fortune, Horizon, Life, entre otras, y asimismo como conferenciante. Es asesor de importantes empresas, entre las que se encuentran la Rockefeller Brothers Found y la IBM Corporation.
Como investigador de las transformaciones que se viven en el mundo contemporáneo, Alvin Toffler ha indagado sobre el sentido y la naturaleza de esas transformaciones, y sobre el contenido de las reformas que resulta imprescindible materializar para adaptarse a aquéllas.  En tal sentido su obra se centra en tres libros principales: El shock del futuro, La Tercera ola y El cambio del poder. El mismo autor los caracteriza señalando que el primero de ellos contempla el proceso de cambio y la forma en que éste afecta a las personas y las organizaciones; el segundo se ocupa de las orientaciones de ese cambio, refiriéndose el último al control de los cambios que han de sobrevivir y a quiénes habrán de darles forma y cómo.
Para Toffler, la humanidad ha experimentado hasta ahora dos grandes "olas" de cambio. La primera –denominada revolución agrícola– tardó miles de años en desplegarse, mientras la segunda –llamada civilización industrial– necesitó sólo tres siglos. Sostiene también que la Historia experimenta en la actualidad un marcado proceso de aceleración, siendo así probable que lo que él mismo denomina "tercera ola" se complete en unas pocas décadas.
Después de destacar que toda civilización tiene un código oculto, un conjunto de reglas que preside todas sus actividades, desde el sexo y las diversiones hasta el trabajo y la guerra, Toffler formula una enumeración de los principios en los que se sustenta la sociedad industrial:
1) Uniformización. Uno de los grandes cultivadores de este principio fue el ingeniero Frederick W. Taylor, que creía que se podía dar un carácter científico al trabajo haciendo que cada uno de los pasos en que éste se realizaba fuese uniforme para todos los obreros. La uniformización dio un impulso decisivo a la fabricación de productos en serie, procurándose lograr por medio de ella el máximo ahorro de tiempo posible y la mayor destreza del obrero aplicado a la repetición incesante de una misma operación dentro de la cadena de producción.
 2) Especialización. Este segundo principio es una consecuencia directa del anterior. El obrero dedicado a repetir una misma operación alcanzaba una notable habilidad en su desempeño, lo que redundaba en el aumento de la productividad del trabajo, transformándose así el operario en un especialista en su labor. La destreza adquirida hacía muy difícil asignarle otra tarea, pues el período que demandaba el aprendizaje implicaba un deterioro de la productividad, por lo que esa habilidad derivada de la especialización llevaba en sí misma una condena para el operario, limitándolo a realizar un trabajo rutinario.
 3) Sincronización. Al extenderse la producción fabril, el elevado costo de la maquinaria y la estrecha interdependencia del trabajo exigían una mayor sincronización. Así la puntualidad se convirtió en una necesidad social y empezaron a proliferar los relojes, supeditando no sólo la vida laboral sino también la social.
 4) Concentración. El auge del mercado derivó en la concentración, que no solamente se dio en cuanto a la población (grandes aglomeraciones urbanas), sino también en el trabajo (fábricas que concentraban a miles de trabajadores) y en la aportación de capitales, surgiendo así la corporación gigante, el trust o monopolio.
 5) Maximización. La mayor producción en serie permitió reducir los costos provocando un aumento de la productividad. De esta manera, destaca Toffler, lo grande se convirtió en sinónimo de eficiente.
 6) Centralización. La concentración y la maximización desembocaron en la conducción centralizada de la actividad productiva. Las tendencias centralizantes en la gestión económica se proyectaron sobre la actividad política generando un aumento de las competencias del gobierno central en perjuicio de la descentralización que suponía una organización federal.  Así, la industrialización impulsaba el incremento de la centralización del sistema político.
Todos los principios enumerados condujeron –acota Toffler– al auge de la burocracia y a la masificación. Agrega que formaron un código de conducta, que prestaron un sello distintivo a la sociedad industrial, y que ahora sufren los embates de lo que llama "la tercera ola".
Toffler se explaya además tratando de demostrar que el despliegue científico-tecnológico que acompaña a la nueva sociedad posibilitará que predominen en ésta valores y principios diferentes a los imperantes en la sociedad industrial, señalando los siguientes:
1) Mayor diversidad y desarrollo de la personalidad. El avance técnico-científico permitirá que un producto pueda ser elaborado teniendo en cuenta si no todas, por lo menos algunas de las preferencias del consumidor. La fabricación en serie se sustituirá entonces por una mayor diversidad. También la tecnología posibilitará superar la tiranía de los horarios uniformes, puesto que la automatización expandida en los procesos productivos hará innecesaria la concurrencia de todos los operarios en el mismo horario. Se podrá hacer así una distribución del tiempo de asistencia que evite la concentración y que, dentro de ciertos límites predeterminados, contemple las necesidades y características de la personalidad de los miembros de la empresa. Es decir que la sincronización de las personas con las máquinas, que aprisionaba a los hombres sumiéndolos en una permanente y alienante repetición de tareas, será superada en el futuro por la velocidad de las computadoras, las que harán posible que muchas operaciones puedan cumplirse durante las veinticuatro horas del día, o sea que podrán realizarse en el momento que elija el usuario del servicio. Esto constituye ya una realidad en la práctica bancaria electrónica mediante el empleo de los denominados cajeros automáticos.
2) Participación, descentralización y dinamismo de los procesos. En el plano estrictamente político la participación del ciudadano podrá ampliarse alcanzando niveles inimaginables hasta el presente, ya que mediante computadoras y pantallas de televisión, aquél podrá intervenir en una asamblea, hablar y ser escuchado sin salir de su hogar y emitir su voto sobre cualquier cuestión, pudiéndose conocer el resultado de la consulta en forma inmediata.  Así, los impulsos renovadores provenientes de una tecnología que crea permanentemente nuevas posibilidades, impregnan de un dinamismo creciente a los procesos económicos, sociales y políticos.
    3) Las características de la sociedad de la tercera ola. La nueva etapa trae consigo una forma de vida auténticamente distinta, basada en fuentes de energía diversificadas y renovables, en métodos de producción que tornan anticuadas las cadenas de montaje de la mayoría de las fábricm, en nuevas familias no nucleares, en una nueva institución que se podría llamar el "hogar electrónico", y en escuelas y corporaciones del futuro radicalmente modificadas. La civilización naciente escribe un nuevo código de conducta que nos lleva más allá de la información, la sincronización y la centralización, más allá de la concentración de energía, dinero y poder. Esta nueva civilización reducirá el papel de la nación-estado y dará nacimiento a economías semiautónomas, en un mundo postimperialista.
   En su concepción sobre el cambio del poder, Toffler hace considerables aportes. Sostiene al respecto que éste no es bueno ni malo y que constituye un aspecto ineludible de la comunicación humana, puntualizando que sus viejas formas se están desgarrando, y que un cambio de poder no es una mera transferencia del mismo sino una verdadera transformación.  Señala asimismo que la fuerza, la riqueza y el conocimiento son las palancas esenciales que forman la tríada del poder. En la tercera ola, más que la cantidad interesa la calidad del poder, siendo éste el factor más relevante. Con respecto a la fuerza asevera que su principal inconveniente es su absoluta inflexibilidad, ya que su uso como castigo supone un poder de mala calidad. En cuanto a la riqueza afirma que como se la puede usar en forma positiva o negativa, es más flexible que la fuerza, siendo entonces un poder de mediana calidad. Sostiene así que el poder de mejor calidad se deriva de la aplicación del conocimiento, que ha pasado a ser el ingrediente más importante, la clave del cambio y la fuente más democrática del poder –puesto que todos pueden adquirirlo– ocupando la fuerza y el dinero un lugar accesorio. El poder está cambiando en todos los niveles de la vida: en las empresas, en los asuntos de gobierno y en la comunidad internacional. Nada escapa al impacto de la transformación que trae la tercera ola.
Relacionado con la intensidad de poder que debe ejercer el Estado para asegurar el orden, Toffler distingue entre el "orden socialmente necesario" y el "orden sobrante". Este último sería el exceso de orden impuesto, no en beneficio de la sociedad, sino de aquellos que controlan el Estado.
El autor puntualiza una serie de supuestos de los que parte el cambio del poder, entre los que merecen destacarse los siguientes:
  1) El sistema de poder de cualquier sociedad está dividido en subsistemas y la realimentación enlaza estos subsistemas.
  2) Como las relaciones humanas están cambiando constantemente, las relaciones de poder también están en constante proceso de cambio.
  3) El conflicto es un hecho social inevitable. Las luchas por el poder no son necesariamente males.
  4) Si muchos de los subsistemas de poder que comprende un sistema superior están en equilibrio relativo, otros subsistemas se hallan en estado de desequilibrio. El equilibrio no es necesariamente una virtud, siendo prácticamente imposible que todos los sistemas y subsistemas sociales estén simultáneamente en equilibrio perfecto.
  5) La total igualdad implica la ausencia de cambio y no sólo es imposible sino que además es indeseable. La existencia de un cierto grado de desigualdad no es inmoral; lo que es inmoral es un sistema que consagra la mala distribución de aquellos recursos (fuerza, riqueza y conocimiento) que confieren poder.
6) Tanto la escasa como la excesiva concentración del poder son peligrosas. La inexistencia de un gobierno efectivo desemboca en la violencia anárquica, y la presencia de un gobierno omnímodo en el totalitarismo.
7) El poder que se confiera a un régimen deberá ser el estrictamente suficiente para que ofrezca un grado adecuado de seguridad. El orden impuesto por encima de lo estrictarnente necesario es inmoral.
8) Hay una base moral para oponerse –e incluso derrocar– al Estado que imponga un "orden excesivo".
Toffler también ha dedicado especial atención a la organización y funcionamiento de la empresa. Al respecto sostiene que los problemas que pueden afectarla provienen principalmente de los cambios radicales producidos en su medio ambiente externo. Por consiguiente, la estructura de cualquier empresa debe adecuarse a las transformaciones ocurridas en el entorno. Esta concepción recoge el principio central del enfoque sistémico consistente en marcar la interdependencia que existe entre los subsistemas parciales (entidades de todo tipo: sociales, económicas y políticas) y el sistema global que configura la suma de todas las parcialidades. De acuerdo a esto afirma que los ejecutivos comerciales, economistas y proyectistas suelen definir el medio ambiente corporativo en términos estrictamente económicos, cuando deberían incluir una gran variedad de factores políticos, sociales, culturales y otros que habitualmente se suelen descartar. Agrega que las compañías que no sepan adecuarse a las condiciones ambientales desaparecerán, por lo que, para evitarlo, deberán incorporar una conducción formada por "gerentes adaptables" que piensen en términos no lineales, busquen soluciones que escapen a la simple previsibilidad y computen la adaptación al cambio como un elemento imprescindible para la sobrevivencia. La de la tercera ola será una empresa flexible con aptitud para responder a las demandas de una sociedad cada vez más compleja y diversificada.
   La expansión y el consumo de cultura han sido considerados por Toffler como un auspicioso acontecimiento que se consolidará en la civilización de la tercera ola. Al consumidor de cultura se le había imputado ser un agente secreto de la mediocridad. Esta visión elitista ha sido superada aceptándose que tal consumidor no compromete la integridad ni la convicción del arte. Más aún, estos consumidores han desarrollado una sensibilidad, una curiosidad y un espíritu abierto por la innovación en las artes. De esta forma el consumo creciente de cultura rompió la barrera del aislamiento en que lo había colocado la concepción elitista. La finalidad del arte no es servir a un círculo estrecho ni provocar el deleite de unos pocos, sino que el arte debe hallar un camino que llegue a todos los seres humanos. De este modo una comunidad no tendría una cultura sino que sería una cultura.
   Por otra parte Toffler es esencialmente un optimista. Confía en las fuerzas del hombre y en el progreso de la humanidad, aunque también pone de manifiesto las dificultades que existen para alcanzar las metas propuestas. Así, sin pecar de ingenuidad, sus reflexiones son un mensaje positivo, pletórico de esperanza. Es éste quizá uno de sus mayores logros.



Bibliografía:        

The Culture Consumers, 1964 (trad. esp., Los consumidores de cultura, 1967). 
The Future Shock, 1970 (trad. esp., El shock del futuro, 1971).
The Third Wave, 1980 (trad. esp., La tercera ola, 1980).
Previews & Premises, 1983 (trad. esp., Avances y premisas, 1983). 
The Adaptative Corporation, 1984 (Trad. esp., La empresa flexible, 1985). 
The Power Shift, 1990 (trad. esp., El cambio del poder, 1990). 
War and Anti War, 1993.
La biblioteca de Alvin Toffler, 1993.
Las guerras del futuro, 1994 (con Heiddi Toffler).
Creating a New Civilization. The Politics of the Third Wave, 1995.
La creación de una nueva civilización: la política de la tercera ola, 1996.
La revolución de la riqueza, 2006.


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